domingo, 28 de enero de 2018


Para entender ciertas concepciones de la religión yorùbá, tenemos necesariamente que conocer la vida diaria y la cultura de este pueblo.

Comencemos por explicar que los cultos religiosos africanos están impregnados por parte de su vida básica; hay tres patrones de vida en ellos (los africanos): pueblos pastores, pueblos agricultores y pueblos cazadores-recolectores.

El pueblo yorùbá, en la antigüedad, estaba compuesto por 2 de estos grupos: agricultores y cazadores-recolectores.

También tenemos que tener presente el hecho patente de que las creencias religiosas de los yorùbás variaban, por la adoración de distintas entidades, pues existían cultos locales.

Los pueblos agricultores yorùbás creían en entidades con un carácter supremo, pero a un mismo tiempo propiciaban adoración a esencias espirituales relacionadas con las cosechas. Son más numerosos sus pobladores.

Por el contrario los grupos cazadores-recolectores son más reducidos en cuanto a población.

Sus medios de subsistencia son la castración de panales de miel salvajes, la caza de animales, la pesca y la recolección de vegetales, de tubérculos y otras raíces, frutos y sus semillas; muchas veces se complementa todo esto con la cría de animales domésticos y actividades de labranza.

La creencia religiosa de los cazadores-recolectores está fundamentada en la existencia de otras fuerzas espirituales, presentes en la naturaleza, que les pueden ser benéficas, ya que su Dios único se encuentra lejano después de haberles legado esos sustitutos espirituales; esas otras entidades, que si son directamente accesibles a los seres humanos, son reinantes y se desenvuelven dentro de entes y espacios físicos determinados: plantas y árboles, espesuras y bosques, lagunas y ríos, etc.

Como resultado de esto tenemos que tales grupos humanos van a enaltecer el ecosistema donde están posicionados, pero a la sazón, al bosque en su totalidad por qué de allí es de donde proviene el sustento alimentario conjuntamente con el apoyo espiritual, y manifiestan en consecuencia un agradecimiento, mediante el culto religioso, a esas presencias sobrehumanas.

Las agrupaciones de cazadores-recolectores, en virtud de sus quehaceres del día a día, así como en la interrelación con el resto de los miembros, tanto en el comportamiento de grupo como en los patrones a seguir en su estructura, van a conformar su Mundo Espiritual que va a ser muy distinto al de un grupo del tipo agrícola.

Y es aquí donde aparece Ơşợợsì (Oshosi) dentro de la cultura religiosa de ciertos grupos yorùbás, que por su modus vivendi (cazadores-recolectores), rinden culto a ese Baba de quien heredan ciertos comportamientos para la subsistencia.

A Ơşợợsì se le conoce como Rey de Ketu (un reino dentro de la hoy República de Benín), pero por ser un culto muy limitado y asentado en solo ciertos ámbitos territoriales, el mismo prácticamente desapareció en África con motivo de la trata indiscriminada de esclavos hacia América.

Aunado a esto, las guerras desarrolladas por Dahomey durante parte del siglo 18, produjeron muchos prisioneros adoradores de esa entidad, que después serían vendidos a los esclavistas portugueses y españoles quienes los trasladaron al Nuevo Mundo. Fue así como se <despobló> África de los cultores de la entidad y hasta fue <mudado> de ámbito.

Según noticias de otros escritores el culto a Ơşợợsì se perdió tanto en Nigeria, que el festival que se le celebra, es por compartirlo con Obàtálá en la localidad de Ila Orangùn, y a la primera de las entidades mencionadas solo se le dedica un día, dentro de ese festival que dura 7 días.

Por ello muchos dicen que Ơşợợsì renació en América al ser trasladado tanto a las islas del Caribe, pero floreciendo mucho en Brasil.

En Cuba el culto a “El Cazador” se asentó sobre todo en La Habana y Matanzas, solo en 4 Cabildos, que es donde presumiblemente se dio el cambio o la transición en sus atribuciones.

El negro africano esclavizado ya no va a vivir como cazador-recolector pues en América lo llevan a vivir a los Bateyes (lugar donde están las oficinas, depósitos, comercio, así como las casas de los que trabajan en los centrales azucareros).

Ahí, el amo blanco le da el sustento o comida que le parece, y no le permite hacer recolección de vegetales, caza, pesca, de su dieta natural. Ya el negro pierde su identidad de cazador.

Y entonces, ¿a quién le dirige sus plegarias? Si bien la entidad cazadora le procuraba un sustento a través de una oración para disfrutar de una buena caza o pesca, o le defendía de temibles fieras depredadoras, aquí ya Ơşợợsì, a la vista del hombre, no tiene esas labores, como tampoco las tiene su devoto.

Se eleva entonces el primer grito de libertad hacia el Cielo para escapar del batey o de la casa del amo, donde el cazador-recolector se encuentra prisionero por el blanco esclavista. Ese mismo grito se pudo haber dado en África cuando se era prisionero de guerra, pero por estar dentro de su territorio autóctono es más difícil de pensar en esa hipótesis.

El primer Òlòşà (devoto consagrado con Ijoko Òşà), o algún Òlò Ơşợợsì que fue liberto, al ser interrogado por sus coterráneos de como lo habría logrado, diría: “Mo ti wi fun baba mi Ơşợợsì” (le pedí a mi padre Ơşợợsì).

A partir de ese día “El Gran Cazador” se transformaría en la entidad que trabaja como un carcelero mortal y es capaz de “sacar de las prisiones”; y a un mismo tiempo nos advertiría en lo adelante que “la justicia” (del amo blanco) nos perseguía. Además, quien no hiciera caso de sus consejos, sería victima de su reprimenda enviándonos a la cárcel como lo hacen los policías o gendarmes.

Con lo expuesto no queremos decir que una entidad yorùbá no nos ayude en múltiples aspectos: salud, evolución económica, resolución de problemas, estabilidad matrimonial, obtención de bienes materiales e hijos, etc.

No se puede desvirtuar la esencia real de un Òrìşà; es una gran pérdida de tiempo. Ơşợợsì continúa llevando a cabo sus mismas labores para las cuales fue creado por  Olódùmarè.

El Òrìşà no cambia su esencia, ni la adapta, como tampoco se va a transformar a pedimento de un devoto: va a seguir siendo el hábil cazador, al igual que un gran hierbatero, un increíble brujo y sorprendente mago.

Quienes hemos cambiado y transformado al Dueño del Bosque y la Tierra, somos nosotros, que actuamos de la misma forma que los esclavistas: nos empeñamos en darle las únicas tareas de policía y carcelero a un Òrìşà que todo lo puede.

Los devotos se han hecho “prisioneros” de una interpretación errónea, perpetuándola en el tiempo porque se carece de la agilidad mental, que el mismo Ơşợợsì nos brinda, pues como policías quieren imponer reglas a entes superiores.


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lunes, 22 de enero de 2018



Para un mayor entendimiento de las publicaciones que se hicieron en este mismo website en fechas 7 y 14 de Enero de 2018, se transcriben 2 patakies que nos hacen claras las funciones de las mencionadas entidades dentro de la religión yorùbá.

“Cuando Oyekú Meyi venía del Cielo para este mundo fue por adivinación. Le aconsejaron que hiciera un sacrificio a Echu con un chivo, y que le ofreciera, chivo, gallo, paloma, tela blanca y dinero a Olokun. El hizo los sacrificios.
Las doscientas divinidades decidieron visitar la Tierra para ver cómo les iba a sus habitantes: cuando llegaron a la frontera entre el Cielo y la Tierra, en Oja Ajibomekon, se encontraron con dos mujeres llamadas Ojá y Ajé. Estas mujeres personifican el dinero y la prosperidad y están asociadas a la divinidad Olokun. Casi ninguna de las doscientas divinidades hizo sacrificio antes de partir, ni se molestaron en ganar el favor de Echu, a quien todas despreciaban por considerarlo un oscurantista.
No habían salido todavía del Cielo, cuando Echu desató el cordón de la lluvia y pronto esta comenzó a caer copiosamente, entonces las divinidades buscaron abrigo en uno y otro punto. Orunmila, a quien su adivinador le había aconsejado que no se detuviera en el camino hasta que no llegara a la Tierra, por mucho que lloviera, siguió el viaje en compañía de las dos mujeres. Cuando llegaron, los seguidores de Orunmila les dieron vestidos blancos para que usaran.
Llovió durante tres años, ininterrumpidamente. Mientras, Orunmila vivió casado con las dos mujeres: Ajé y Ojá, tuvieron hijos; pero las otras divinidades todavía no habían llegado. Después de esperar en vano por ellas, sus seguidores en la Tierra decidieron ir a buscarlas. Cuando los ciudadanos de la Tierra se encontraron con las divinidades e intentaron persuadirlas para que los acompañaran de regreso, ellas rechazaron el ofrecimiento, y dijeron sentirse cómodas en sus nuevas moradas y con sus nuevos medios.
Por su parte Orunmila había estado practicando el arte de Ifá con éxito sobre la Tierra y se le habían unido algunos seguidores. De igual manera, se dio al comercio con la ayuda de Ajé y Ojá. Ambas lo hicieron inmensamente rico.” (1)

En este segundo patakie se describe las funciones que desempeñaba Ògún en la tierra de Ogunda Meyi:
“Ogunda Meyi fue a buscar a la OSHA NA, la madre de IFA, que no tenia trasero, y nadie quería casarse con ella porque no podía tener hijos. En ese tiempo IFA no veía de lejos. El no sabía si estaba solo o acompañado. Consultó a IFA en Ate, a fin de tener una predicción del futuro más extensa, y encontró Ogunda Meyi que pidió un pescado fresco a NA en sacrificio.
Ahora NA tenía una piscina con peces (TOGODO) en su casa. e IFA tenía una Calabaza. IFA tomo su Calabaza, buscó un pez por todas partes, y no encontró nada. Se dio cuenta de que al lado del hogar de NA, había una piscina llena de peces, y comenzó a achicar el agua con su Calabaza para poner los peces en seco. NA, que no tenía una calabaza, protestó. Y replico: el Babalawo que consulte me mando un pez en sacrificio. Es necesario que me calme.- NA exclamó: yo también, mi OLUWO ha demandado un pez, y no podía sacarlo porque no tengo una Calabaza. IFA contestó: espera un poco, cuando esta piscina este seca, compartiremos los peces. Pero solo encontraron un solo pez. Y NA dijo: es mío; porque el pez entero me pertenece. Es mío, replico IFA, porque, sin mi Calabaza, no lo habrías visto. Discusión. Cada uno ase por una punta el pez. En ese momento, Ogun había consultado IFA, y había hecho su sacrificio, y recibió de IFA un GUBASA (Machete) para trabajar, que él no dejaba nunca. Y Ogun, el cazador, paso por la riña y oyó a NA y a IFA. Y Ogun ajustó la disputa diciendo: NA, como tienes el pez por la cola e IFA por la cabeza, y cierren los dos sus ojos. Voy a arreglar esto.- Y Ogun, con su GUBASA, partió el pez en dos. Entonces le dijo a NA: toma la cola para hacer el sacrificio que te procurará tener NALGAS.- Y le dijo a IFA: toma el resto para que hagas sacrificio en honor a tu cabeza.- Este sé hizo. La cola del pez vino a pegarse atrás de NA y le salieron las nalgas, este sacrificio permite agacharse para dar nacimiento. Y la Cabeza sé sacrificó a la cabeza de IFA para que de aquí en adelante pudiera ver más lejos y saber más del futuro. Por esto sé dice: GU DA AJA MEJI, Ogun sé ha partido el pez en dos.” (2)
(1) De Souza Hernández, Adrián. Echu-Elegguá Equilibrio dinámico de la existencia.
(2) Antigua libreta de Ifá cubana.

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domingo, 14 de enero de 2018


Ya en oportunidades pasadas se han escrito ciertas notas sobre Ògún (http://ile-oshe.blogspot.com/2016/02/ogun-ogun-no-puede-ser-visto-solo-como.html); pero siempre es bueno refrescar y recalcar ciertas apreciaciones.

La concepción del pueblo yorùbá con respecto a sus entidades religiosas se puede haber visto modificada debido a las realidades que vivieron los primeros esclavos llegados a América.

De esto no podemos estar seguros, toda vez que no han quedado testimonios escritos ni referencias seguras del pensamiento que tenían los primeros descendientes de Òdûdûwá que pisaron los suelos occidentales de esta parte del mundo.

Ya sea explicado otras veces que los ancestros africanos que fueron traídos a América se agruparon en Cuba en Cabildos de Nación y el acceso a estas organizaciones era negada a los “negros criollos” (hijos de los esclavos que nacían en la isla caribeña).

Los “negros criollos” conformaron las Cofradías, sus particulares organizaciones, para después heredar los Cabildos fundados por sus abuelos y padres.

Es a partir de esta etapa en que se admiten parcialmente a los blancos en la religión, y cuando empieza a salir a la luz pública en qué consistía la misma.

El mayor tráfico de esclavos entre África y América se manifestó entre 1540 y 1880; y es a partir de 1800 donde se comienza a conocer la historia de la religión.

Ya para esa época, África estaba abiertamente influencia por los conceptos musulmanes y cristianos, y América por el catolicismo.

Quedan en una especie de limbo 3 siglos, de los cuales no hay conocimiento exacto del pensamiento religioso original y sus posibles variantes a causa de las guerras y el esclavismo.

Después de esta nota histórica indispensable para el entendimiento de las líneas siguientes, pasemos al tema principal de esta publicación.

Son repetitivas las cualidades con que se ha venido identificando a Ògún: un guerrero, una entidad solo dedicada a la pelea, sanguinario por demás; el prototipo de quien busca librar batallas, peleas callejeras y otras escaramuzas.

Por otra parte propiciador de accidentes y hechos violentos, encargado de operaciones quirúrgicas, autopsias y amputaciones.

¿Son reales estas cualidades atribuidas al  tráfico de esclavos entre África y América?

En primer lugar debemos recordar el primer título con el cual es reconocido, ancestralmente, a Ògún: Tobi Ode (hábil cazador). En América esa condición de cazador le es muy poco atribuida.

Si bien es cierto que la entidad de la cual hablamos es ubicada dentro del grupo de los Òrìşàs Ode, esté término ha sido mal traducido y se les denomina los “Orishas o Santos Guerreros” (sic) (esta denominación de Òrìşàs es equívoca, tema en el cual no nos extenderemos, y la traducción de Ode como guerreros no tiene basamento.)

Entonces Ògún debe ser ubicado en la categoría de los Ode, cazadores, donde también coexisten sus “hermanos” Òşóòsì (Oshosi) y Erinlè (entidad poco conocida y adorada en América).
Aunado a esto “el Espíritu del Hierro” fue titulado como Okò Ìtúlè, cosechero, sobre todo por las acciones desempeñadas en su segunda etapa de vida en la Tierra.

De igual forma a Ògún le es atribuido el inicio del cultivo del ñame y la tarea de la enseñanza de ese arte a los hombres para que los mismos se procuraran su sustento.
Estas dos características son más cónsonas con la filosofía original de los yorùbás: un pueblo que obtenía su sustento a través de la caza y pesca, como también de labores agrícolas.

Como observamos nuestros ancestros, en los primeros tiempos, no nos transmitían la idea de un Ògún Guerrero; esta cualidad la pueden haber acuñado los africanos trasladados a territorio americano después de iniciadas las guerras dentro de los reinos yorùbás, o por los “negros criollos” habitantes de la Cuba dominada por los españoles y que en la última etapa del siglo XVIII buscó un proceso de libertad y entró en conflicto con sus colonizadores y esclavistas.

Pero si observamos detenidamente las herramientas fundamentales que componen el habitáculo de Ògún, no vemos por ninguna parte armas de guerra: solo vemos artículos de labranza (pala, pico guataca o azada, rastrillo, barreta y machete) con la excepción del martillo y el yunque, propio de los forjadores de metales y herreros.

Para la opinión particular de quien escribe estas líneas, no hay mejor mensaje y testimonio de la verdadera creencia de los  antiguos yorùbás: Ògún es una entidad protectora y propiciadora de la cacería como medio de resguardo a la comunidad ante el ataque de fieras salvajes, así como del trabajo agrícola (como medio de subsistencia original).

Quienes trataron de darle otra connotación al culto de Ògún, olvidaron “extraer” las herramientas originales, nunca las sustituyeron, y después nos lo presentaron como un Guerrero, pero agregándole armas de fuego; en ningún momento se les ocurrió poner lanzas, escudos, espadas, flechas y cuchillos como elementos de fundamento, solo como un refuerzo de una teoría sin basamento.

Ògún se dedicó en este Mundo a verificar una limpieza de la tierra, que se encontraban sin cultivo en algunos sitios o llena de malezas en otros, para después hacerla útil mediante la fertilización y siembra de la especie vegetal, a la vez que aprovecho de clasificar esas tierras para cada tipo de siembra y apartando las que por sus condiciones debían quedar no cultivadas.
Sobre otras cualidades, atribuidas antiguamente, de Ògún continuaremos hablando en una futura oportunidad.

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domingo, 7 de enero de 2018


El presente post debió aparecer ayer 6 de Enero de 2018, tal cual fue prometido. La imposibilidad de hacerlo efectivo estuvo motivado a fallas técnicas. Agradezco las disculpas del caso.
Las líneas que a continuación se transcriben, constituyen un conglomerado de diversas notas que se encuentran en proceso de estructuración, a los fines de ser publicadas como un libro sobre esta entidad. El anuncio de su publicación se hará por este medio, entre otros.
<Èşù Elègbará, nombre este que se ha traducido como príncipe mensajero de los que viven en Egbá, y quien también es llamado Elegba por los nativos de Benín, es de las entidades yorùbás a quien se le ha dirigido una significativa aceptación y su consecuente reconocimiento, solo comparable con la de Olódùmarè (el único y supremo Dios de los yorùbás)
Para muchos el lugar de origen de Èşù es Kètu, que fue una de las antiguas ciudades y uno de los 16 reinos  originales fundados por los descendientes de Òdûdûwá, y que posteriormente formara parte del reino de Dahomey.
En opinión y consideración de otros, proviene de territorio nigeriano, específicamente de Ofa. Pero la gran mayoría de los criterios ubican su surgimiento en Owu (Olowu).
Su culto y adoración no solo queda circunscrito a los lugares mencionados, pues el mismo se diseminó en importantes centros: Ife, Ibadán, entre los Egba, Awori, Egbadó, y sobre todo en la ciudad de Iworo.
Después de esta corta explicación sobre su origen geográfico, pasemos a ver quién es Èşù.
De las entidades yorùbás a quien se le atribuyen, en mayor proporción, excelentes y al mismo tiempo pésimas virtudes es a Èşù.
Los dones que posee, que se inclinan a veces hacia lo provechoso e inmediatamente hacia lo nefasto, han hecho que su culto, en muchas oportunidades, se fundamente en el temor, y que para otros se apoye en vista a que se le considere un alto benefactor.
Pero en la mayoría de los casos se mantiene una errónea concepción de lo que representa esta entidad tanto en la religión, como en la vida de los seres humanos.
Hay que recordar que en la religión del pueblo yorùbá existe la creencia de la existencia del bien, más no de la presencia del mal.
Para hacer más accesible al entendimiento este principio podemos decir que la visión yorùbá de la vida esta circunscrita a una bipolaridad (2 polos): uno positivo y otro negativo, y que la definición de cuál será el que recibiremos en determinado momento va a depender de un tercer componente que actúa como fuerza motora; y ese no es otro que Èşù.

Veámoslo con un ejemplo gráfico:

Èşù se encuentra sobre la línea o balancín de nuestra vida junto con lo positivo y lo negativo; ese balancín o línea hará una inclinación a cualquiera de los dos lados, facilitándonos el acceso a lo uno o a lo otro en dependencia al impulso que nosotros mismos le demos a él, ya sea con nuestra acción o con una omisión de propia parte.
Por lo tanto Èşù será esa fuerza, la potencia, que permitirá en definitiva, con la más estricta seguridad, que un beneficio nos abrigue o que una sombra nos cubra.
Pero, ¿Cómo es posible que esto nos suceda? Una cualquiera de las 2 posibilidades se materializará como consecuencia del ejercicio que efectuemos al pie de esa entidad en procura de concretar lo positivo, o por el contrario, en la negativa de actuar según el o los consejos dados y permitir que lo negativo nos persiga.
Esto se debe al simple, pero poderoso hecho de que a Èşù se le conoce como “el Padre de los Sacrificios” (Èşù Bara Baba Ebo) por ser el encargado del traslado y distribución de los distintos sacrificios hacia los múltiples Òrìşàs, una vez que ha tomado su parte.
De ahí la importancia de desechar las ideas de que Èşù es un niño juguetón y pícaro, o que constituye un simple recadero, que es una entidad maléfica y diabólica, o que sea un vagabundo o mendigo que deambula por las calles.
Èşù, comparándolo nuevamente con el sistema de funcionamiento de una balanza, vendría a ser el “pilón” que la inclina hacia lo negativo, o su vez el “contrapeso” que nivela hacia lo positivo y el equilibrio.
No darle el valor justo a su importancia y magnitud dentro del sistema religioso yorùbá es, además de evitar el entendimiento real, menospreciarlo y propiciar su falta de apoyo, de donde dependemos, en las presentes y futuras acciones de nuestras propias vidas.>

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read more "¿Quién es Èşù? (Eshu)"

viernes, 5 de enero de 2018




2018 es un año aniversario de este web site, pues llega a 10 años en sus ciclos de publicaciones, y con más de 800.000 visitas.
En esta nueva etapa a iniciarse, habrán modificaciones varias en su estructura: mayor cantidad de publicaciones, nuevas alternativas de interacción, novedosos temas, sistemas combinados en las publicaciones, etc.
Se tiene como fin último muchas mejoras, acompañadas de aportes al mejor conocimiento y difusión de la cultura religiosa yorùbá.
Es así que a partir del día de mañana sábado 6 de Enero de 2018, se llevarán a cabo publicaciones semanales sobre los temas que acostumbramos leer en este espacio.
Quedan todos invitados, antiguos y nuevos lectores, a disfrutar y aprovechar el contenido de este blog.

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read more "Un regalo de los Òrìsàs"

martes, 5 de diciembre de 2017



Dentro de la mitología del pueblo yorùbá, hay un personaje muy llamativo y del cual todos hemos oído hablar: Èşù. 
Y una de las facetas por las cuales se ha destacado más, obteniendo su renombrada popularidad, es por la de ser un gran Enredador, Estafador y Embustero.
Existen innumerables cuentos que tratan sobre los engaños y triquiñuelas llevadas a cabo por Eshu, pero una de la más famosa en el territorio africano es la de una par de agricultores que eran vecinos, que sostenían una amistad firme y de todos conocida, al extremo que se vestían de una manera prácticamente igual y se trataban como hermanos de sangre.
Un buen día  
Èşù decidió caminar por el sendero que dividía las 2 tierras de los agricultores, llevando una especie de gorro blanco por un lado y negro por el otro; también se colgó un bastón en el hombro y se puso una pipa en la nuca; y así vestido de esta manera recorrió el camino completo.
Los dos amigos al encontrarse y contar lo sucedido, comenzaron a entrar en contradicciones sobre el extraño visitante, sin poder decir con certeza en qué dirección caminaba o el color de su gorro. Su discusión fue subiendo de tono, hasta que el mismo rey se interesó por la historia. Mientras los 2 agricultores trataban de convencer al rey, cada uno de su propia versión de los hechos,
Èşù hizo acto de presencia y le dijo al monarca que ninguno de ellos decía la verdad, pues ambos habían sido engañados.
El rey, enfadado con
 Èşù, mandó a sus guardias a capturarle, pero este consiguió escapar y prender fuego a varias de las casas en la huida. Mientras los aldeanos trataban de escapar de las llamas, Èşù se ofreció a ayudarles a guardar sus pertenencias, para que no se quemasen, a lo que todos aceptaron sin desconfiar. Entonces Èşù se hizo con todos los bultos y luego los repartió en forma aleatoria, dejando a las víctimas del fuego aún más confusas y con grandes dificultades para recuperar sus cosas en medio del caos.


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