sábado, 1 de octubre de 2016

Las Letras del Ẹrìndínlõgún y lo que nos quieren decir (de la serie Odùs y Letras).



En otras ocasiones he explicado que es muy poco lo que se ha podido preservar del oráculo del Ẹrìndínlõgún.
Ahora bien si lo poco que se mantiene en la actualidad es tergiversado o se le da errónea interpretación, entonces el mal se acrecienta.
Si bien es cierto que tanto en la Osha como en Ifá existen muchos dictámenes, sentencias, frases cortas, parábolas y proverbios que prácticamente nos hablan a manera de comparación y no en forma directa, debemos tener el cuidado de hacer una correcta interpretación de lo que se quiere decir.
La mayoría de las sentencias que se dictan dentro de la religión yorùbá no pueden leerse ni entenderse de manera textual.
Y es que lo primordial dentro de la religión yorùbá es la filosofía encerrada en la misma, que establece los patrones para quien busca cobijo a su sombra.
A su vez esas letras o signos del Ẹrìndínlõgún nos hablaron a futuro, para que los actuales cultores de la religión nos percatáramos de ciertas anomalías y desviaciones que se iban a manifestar.
Parece increíble, pero Olódùmarè y los Òrìşàs advertían desde hace muchos años atrás lo que sucedería con el oráculo de los Cawries.
¿Cómo se puede asegurar que esto iba a suceder? Pues en el propio oráculo existen planteamientos que no son dirigidos explícitamente hacia la persona que se registra, como tampoco al sacerdote que verifica el registro ni a terceras personas, lo cual hace ver lo profundo de la filosofía religiosa del Ẹrìndínlõgún, lo cual explicaré seguidamente:
En primer lugar dejare claro que siempre ha existido una controversia, debido a las rivalidades de las tribus yorùbás y que se acrecentó con la llegada de los mismos a Cuba, y que tiene que ver con la rivalidad entre los adoradores de Òşún (léase Oshún) y de Yemojá (Yemayá), en cuanto a quien es el propietario.
Un patakkie nos hace clara referencia de esta situación: Òrúnmìlà era el legítimo propietario del Ẹrìndínlõgún, y su esposa fue observando detenidamente cual era el proceso y las técnicas para su utilización; cada vez que Òrúnmìlà se ausentaba de su casa ella aprovechaba para hacer uso a escondidas del oráculo hasta que fue descubierta por el famoso Òrìşà, quien se lo cedió definitivamente, pero condenándola a no seguir viviendo junto con él.
En todas las escrituras de Ifá siempre se ha hecho la referencia de que Òşún fue un de las esposas de Òrúnmìlà, más nunca lo fue de Yemojá; a excepción de una versión del patakkie brevemente narrado no hay más referencias de una vida marital entre estas 2 entidades. Pero los protegidos de Yemojá, a fin de de atribuirse una excepcional virtud sobre la interpretación de los caracoles Cawries, dan como cierta esta versión.
Asimismo existe otro patakkie que determina en que oportunidad se lanzó el Ẹrìndínlõgún, y que se buscaba a través del mismo curar la salud de uno de los “hijos” de una entidad, y donde se aclara que hacía tiempo que ese oráculo no era utilizado, dejándose aclarado que estaba en posesión de otro de los Òrìşà.
Pero lo más importante de todas estas aclaratorias radica en el patakkie premonitorio sobre la “suerte” que correría el Ẹrìndínlõgún una vez que fuera accesible a los humanos (Oloshas) y hay que destacar, que el primer signo que lanzó Òşún en la estera cuando Òrúnmìlà le entregó el Ẹrìndínlõgún, fue Ojuani, que entre otras cosas, dice "Esfuerzos sin recompensas" ("sacar agua en canasta"); esto es tan cierto que al día de hoy nadie valora realmente el contenido real de las distintas letras, como tampoco le agradecen a Òşún el aporte de hacer accesible el uso un instrumento de comunicación con los Òrìşàs.
Ya vemos que desde los mismos comienzos de la religión yorùbá se estaba estableciendo que los seres humanos íbamos a colaborar en la pérdida de grandes tradiciones.
Con el contenido de todos estos patakkies se ve cumplida esta “profecía”: no valoran a ninguno de los originales portadores del oráculo, no se respeta la tradición de su contenido, se modifica al antojo de cada uno de sus intérpretes y se sustituye la verdad de lo que Olódùmarè deseaba para todos nosotros.
En conclusión el Ẹrìndínlõgún también ha sido “humanizado”.

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